las protestas locales suelen ser reprimidas con fuerzas antidisturbios, que a menudo usan granadas lacrimógenas como armas incapacitantes no mortales.Pero en 2019 las autoridades se enfrentaban en los cinco continentes a protestas masivas permanentes, hasta la eclosión del coronavirus, un incapacitante potencialmente mortal de alcance mundial, que ha causado un shock económico, atomizado los movimientos sociales, sumiendo a las personas en el estado de naturaleza, donde cada indivíduo lucha por conservar la vida, rehusando a la protesta y a la violencia, cediendo terreno a las autoridades sin chistar, incluso cediendo sus libertades personales, a tal punto de permitir inyectarse una vacuna que modifica su código genético, para aplacar su miedo a una enfermedad, que ni siquiera los médicos saben qué es.